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EL GOZO LA MAS ALTA RECOMPESA

October 7, 2017

 

 Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Hebreos 12:2

 

Introduccion: una de la mayores ofensas en el actual mover de Dios es la manifestación del gozo, Cada temporada que trae un nuevo derramamiento de Espíritu Santo (avivamiento) presenta una nueva manifestación que ofende. Una de las manifestaciones muy atacada en este mover de Dios es la risa. El argumento que  se presenta continuamente: ¿dónde está eso en la Biblia? No es muy complicado. La risa es a la salvación lo que las lágrimas al arrepentimiento. No se nos ha ordenado llorar en un altar cuando llegamos a Cristo. Pero ocurre con mucha frecuencia, como debería.

 

  1. En su Presencia hay Plenitud de Gozo

Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. Salmos 16:11.

Nuestro errado sistema de valores ha distorsionado la naturaleza de lo que es vivir en Cristo. “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11). ¿No son la risa y las lágrimas parte del gozo? ¿Acaso “plenitud” no significa que todas las partes están unidas en un todo, ya sea que incluya risa, sonrisas, felicidad interna o algo más? Aunque la risa no debiera ser nuestra única respuesta a su presencia, es una expresión aceptable y normal al estar con Dios. He descubierto que requiere una fe mayor regocijarse en su presencia que llorar. Para regocijarme, tengo que creer que he sido aceptado por Dios. Yo solía llorar y sentirme indigno. Tras ello, se escondía mi incapacidad de ver que era aceptado por Dios. Pero cuando las personas descubren que no sólo son aceptables para Dios, sino que también Él se deleita en ellos, ¡es tiempo de regocijarse! Y si usted quiere gozo, regocíjese.

 

  1. POR LO QUE SUFRIO JESUS

Gran parte de la cultura cristiana actual ha adoptado, sin intención, estilos de vida y patrones de pensamiento que le permiten a la gente tener ataduras pesadas y desánimo como si fuera algo normal. Ese hábito comúnmente nos conduce a la fortaleza de la incredulidad. En este modo, mejor aplaudimos a las lágrimas que a la risa, a la pobreza que a la riqueza y a la persistencia de la aflicción que a la respuesta rápida y a las victorias. La incorrecta visión del sufrimiento acompañada de enseñanzas que se ofrecen desde nuestros pulpitos ha sido la puerta para que la enfermedad entre a la vida de los redimidos.

Los sufrimientos de Jesús se concretaron en la persecución que soportó y en el peso que llevó por su pueblo. Él no sufrió con enfermedad. Eso debe sacarse de nuestro ideario sobre el sufrimiento cristiano.

Es inútil llevar algo bajo el disfraz de la voluntad de Dios cuando eso fue algo cuyo poder sobre nosotros fue destruido por Él. Un concepto adicional que debemos recordar es que Él sufrió para que nosotros no tuviéramos que sufrir. Por ejemplo, sufrió latigazos en su cuerpo, aplicados por un soldado romano, para que estos se convirtieran en el pago por nuestra sanidad.

 

Este falso acercamiento a la vida cristiana también tiende a inflar el poder del diablo en la mente de los creyentes. En la atmósfera equivocada, la queja y la crítica se enmascaran como información que necesitamos en nuestra vida de oración; esa mentalidad nos aleja del reino en donde habitan la justicia, la paz y el gozo y nos lleva a una esfera pesada que enfatiza las estrategias del diablo y sus logros. No se nos ha mandado a guardar un registro de los logros del diablo. Se nos ha ordenado guardar el testimonio de las obras maravillosas de Dios en la tierra, haciendo de ellas nuestro deleite y el objeto de nuestra fascinación y estudio.6 Se nos ha mandado “Deleitarnos en su fidelidad” (Salmo 37:3). La atmósfera establecida a nuestro alrededor está determinada por lo que atesoramos (tesoro que se revela en nuestras conversaciones).

 

No es saludable tener un demonio grande y un Dios pequeño (poco práctico). No significa eso que Satanás no tenga poder o que deba ser ignorado. El apóstol Pablo enseñó contrarrestar tal ignorancia. Simplemente no podemos darnos el lujo de dejarnos impresionar por quien tiene un poder restringido cuando servimos a un Dios que es todopoderoso.

 

Yo trato de vivir de tal manera que nada sea mayor que mi conciencia de Dios. Cuando pierdo esa perspectiva, me doy cuenta que necesito arrepentirme, cambiar mi enfoque y volver al temor de Dios.

Permitir que las evidencias de la obra del diablo se enmascaren como verdad mina el gozo, ese rasgo evidente de aquellos que están en el Reino de Dios.

 

La verdad se hace evidente sólo en la mente de Cristo, la que está dada al gozo. “En aquella misma hora se regocijó en el Espíritu” (Lucas 10:21). Aquí la palabra regocijarse sugiere gritar y saltar, una imagen muy distinta de la que nos dan las películas y los sermones.

 

  1. LA MOTIVACION DE JESUS

 

Jesús vivió en perfecta obediencia, tanto en motivación como en acción. Todo lo que realizó lo hizo como un hombre que dependía de Dios. También sabemos que se deleitaba haciendo la voluntad del Padre. Pero fue éste quien añadió otro elemento a la ecuación: “Jesús, autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz” (Hebreos 12:2). El Padre añadió una recompensa tan significativa, que traería al Hijo del Hombre a través del más grande sufrimiento jamás conocido por el ser humano. Y Aquel, que iba a realizar el pago supremo, recibiría la recompensa suprema: el gozo. Esa es la recompensa. Hay un precio que pagar por seguir a Cristo. Pero también hay una recompensa por seguirlo. Destacar el costo sin la recompensa es algo mórbido. Atravesar el dolor de la disciplina por la razón que sea, debe tener un resultado digno de ese dolor. Cuando el Padre quiso darle la mejor recompensa a su propio Hijo, decidió darle gozo. ¿Qué va a hacer en el cielo la gente a la que no le gusta el gozo?

 

Jesús sabía que tal recompensa valía la pena. Es algo tan difícil de comprender. Sin embargo, el gozo en el cielo es una comodidad que no tiene precio, y por eso también se convirtió en la recompensa del creyente. “Bien, buen siervo y fiel... Entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21, énfasis añadido). La implicación no es sólo que el gozo es la recompensa, sino que debemos entra en el gozo personal del Padre. “El que mora en los cielos re reirá” (Salmo 2:4). Es la naturaleza misma de Dios que lleguemos a disfrutar y a celebrar por la eternidad. Una parte de esa naturaleza puede ser vista en el gozo.

Piense en él como en una mansión que ha heredado. Su gran privilegio es entrar en cada habitación del lugar maravillado y deleitado. Aunque es un honor estar allí, la contundente realidad es que esa es su herencia. Todo el ámbito sin fin del gozo del Padre es su posesión personal, y es suya para explorarla por la eternidad. Y para usted, la eternidad empezó en el momento en que nació de nuevo.

 

  1. EL GOZO DE SU ROSTRO

 

El gozo es una parte importante de la naturaleza del Padre. Lo experimentamos y lo heredamos como algo nuestro. “La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono; la misericordia y la verdad van delante de tu rostro. ¡Cuán bienaventurado el pueblo que sabe lo que es la voz de júbilo! Andan a la luz de tu rostro. En tu nombre, se regocijan todo el día, y por tu justicia son enaltecidos” (Salmo 89:14-16, énfasis añadido). Nuestro gozo es un resultado directo de estar ante el rostro de Dios. La continua llenura de gozo es el reflejo del deleite del Padre con nosotros. Aquellos que viven ante el rostro de Dios conocen la voz de júbilo pues ella es, de hecho, el sonido del cielo. No hay oscuridad en el cielo, ni siquiera sombras, porque la luz de su rostro está en todo lugar. Del mismo modo no hay desánimo ni depresión en el cielo, pues la voz de júbilo irradia del rostro de Dios. Orar para que el reino de Dios venga ahora “sobre la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10) es en esencia una oración para que la atmósfera del cielo permanezca en la tierra, la atmósfera de gozo.

 

  1. DESRROLLEMOS UNA MENTALIDAD GOZOSA

“En los primeros dos años de un niño, el deseo de experimentar gozo en una relación amorosa es la fuerza más poderosa de la vida. De hecho, algunos neurólogos hoy afirman que la necesidad humana básica es la ‘chispa en los ojos de alguien’. Cuando observa ese brillo en el rostro de una niña que está corriendo hacia un padre que la espera con los brazos abiertos y sin contener su alegría, usted es testigo del poder increíble que se genera al ‘ser la chispa en los ojos de alguien’. Cuando ese gozo es la mayor fuerza en el mundo de un niño, la vida tiene sentido, porque los niños buscan momentos en los que puedan reconectar al gozo al estar con quien les ama. De manera maravillosa, aquel deseo inocente y puro que empieza en la niñez, continúa a lo largo de la vida. La vida tiene sentido y recibe poder del gozo cuando las personas se relacionan con aquellos que les aman y están sinceramente ‘felices de estar con ellos’”.

Esto revela por qué muchas personas luchan con el asunto del gozo en la iglesia. Y aun más importante que eso, muestra por qué muchos tienen tan poco gozo en su vida. No han visto el favor ni la aprobación de su Padre celestial. La iglesia está inválida en gran parte de su vida cristiana porque la gente ve a Dios como alguien que anhela castigar en lugar de salvar, alguien que les recuerda el pecado, en vez de perdonar.

Jesús enseñó a sus discípulos a buscar el rostro de su Padre. Aquellos que alcanzan esa afirmación se dan cuenta de que son esa “chispa en sus ojos”. Es en este lugar de intimidad con Dios en donde encontramos respuestas y soluciones. Con respecto a esto, Jesús dijo: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo” (Juan 16:24, énfasis añadido).

Una vez más vemos que el gozo es el resultado que se espera en una relación correcta con Dios. Es lo normal. Todo lo que sea menos que gozo, no es normal. Hay quienes enseñan como si para ser cristiano equilibrado fuese necesario tener una medida igual de gozo y de depresión. ¡Absurdo! El Reino de Dios es un reino de gozo. Y nunca se supone que debamos dejarlo.

 

  1. EL GOZO TRAE FORTALEZA

Para mí uno de los lugares más sorprendentes en donde encontrar una de las mayores revelaciones del gozo es el Antiguo Testamento. Por fortuna, Dios le permitió a Israel saborear la realidad que estaría en aquellos que iban a ser cubiertos por la obra redentora de Cristo. Además, eso sucedió porque los hijos de Israel habían estado escuchando desde temprano en la mañana hasta la tarde lo que el sacerdote les leía del libro de la ley. Para muchos de ellos, esa era la primera vez que escuchaban la ley de Dios. Si la gente no entendía lo que se había escrito, los sacerdotes corrían entre ella para explicarle. El pueblo vio que el estándar de Dios para sus vidas era extremadamente alto. También entendieron que le habían fallado a Dios de forma terrible en lo que Él requería. Ese fue un momento muy impactante para ellos. Y respondieron de la forma más natural para ellos: con lágrimas.

Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras y los levitas que hacían entender al pueblo dijeron a todo el pueblo: “Hoy es día consagrado a Jehová, nuestro Dios; no os entristezcáis ni lloréis”; pues todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Luego les dijo: “Id, comed alimentos grasos, bebed vino dulce y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque este es día consagrado a nuestro Señor. No os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza”.

También los levitas calmaban a todo el pueblo, diciendo: “Callad, porque es día santo; no os entristezcáis.” —Nehemías 8:9-11, énfasis añadido

Se nos ha enseñado que llorar y lamentarnos por nuestros pecados es congruente con tema de la santidad. En nuestro mundo, las lágrimas son casi sinónimo de arrepentimiento. Pero en este caso no fue así. En ese contexto las lágrimas eran una violación. A partir de mi experiencia, esto parece muy extraño, es decir, el hecho de que haya ocasiones en las que la santidad de Dios se vea violada por las lágrimas. Sin embargo, es cierto. Había tanta lamentación y lloro porque habían entendido que no estaban ni remotamente cerca del propósito de Dios para sus vidas. Eso sólo pudo producirse ante la sobrecogedora convicción

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