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SOMOS EXTENSION DE JESUS

October 12, 2017

 

Somos Extensión de Jesús

Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.  2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. 3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. 4 Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. 5 Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti. Isaías 60:1-5

 

Introducción: Jesucristo era completamente Dios. Él no fue un ser creado. Sin embargo, llegó a ser hombre y vivió enteramente dentro de las limitaciones del hombre. Su habilidad para demostrar poder, caminar sobre el agua y realizar incontables manifestaciones divinas se debía completamente al hecho de que no tenía pecado y era totalmente sensible al Espíritu Santo. Él se convirtió en el modelo para todo aquel que experimentaría la limpieza de pecado por la sangre de Jesús.

El perdón que Dios da coloca a cada creyente en una posición sin pecado. La única pregunta que permanece es cuán dispuestos estamos a ser capacitados por el Espíritu Santo.

 

NO SOLO EL ROSTRO, SINO TAMBIEN LAS ROPAS

La mayoría de las experiencias de Jesús registradas en la Escritura, fueron ejemplos proféticos de los ámbitos divinos que están disponibles para el creyente. El Monte de la Transfiguración traspasó el límite significativamente con respecto a la experiencia humana. La meta nunca debería ser hablar con Moisés o Elías, cualquiera que tenga eso como foco me preocuparía. La asombrosa lección de esta historia es que Jesucristo, el Hijo del Hombre, tenía la gloria de Dios sobre sí.

El rostro de Jesús brillaba con la gloria de Dios, similar al de Moisés después que bajó del monte. 2 Corintios 3:7 Pero, la ropa de Jesús también irradiaba la gloria divina, como diciendo que esa era una nueva etapa comparada con los tiempos de Moisés. En esta era, los límites habían cambiado: un velo no podía ser usado para cubrir el rostro de Jesús cuando brillaba con gloria, pues el velo mismo pronto irradiaría también con la misma gloria. Nosotros influenciamos y comunicamos que Dios nos ha dado el cambiar la naturaleza de todo aquello que tocamos. Recuerde que tocar el borde del manto de Jesús sanó a una mujer. En este reino, las cosas son diferentes.

Sólo Pedro, Santiago y Juan fueron privilegiados de ser parte de ese evento. Fue tan extremo, que Jesús les advirtió que no le dijeran a nadie sobre lo que habían visto hasta después de su resurrección. Su muerte satisfaría los requerimientos de la ley (Moisés) y los profetas (Elías). Ciertas cosas no ocurrirán en nuestro corazón hasta que conozcamos de la resurrección a través de nuestra experiencia de conversión.

A través del Espíritu del Cristo resucitado viviendo en nosotros, somos diseñados para llevar la misma gloria. Pero, aún debemos subir la montaña,  el lugar donde nos encontramos caca a cara con Dios. Antes de esa experiencia, Jesús declaró: “De cierto os digo que algunos de los que están aquí no gustarán la muerte hasta que hayan visto que el reino de Dios ha venido con poder” (Marcos 9:1). No creo que se estuviera refiriendo a la experiencia del Monte de la Transfiguración, la cual fue sólo seis días después. Se estaba refiriendo al bautismo del Espíritu Santo que estaría disponible después de su muerte y resurrección. Ese es “el reino de Dios presente con poder”.

 

SOMOS PORTADORES DE LA GLORA AHORA

Una de mis declaraciones favoritas en la Escritura se encuentra en Isaías 60:1: “¡Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz!”. La gente se confunde al determinar la audiencia a la cual está dirigido este mandato. Algunos ponen esto dentro del trato futuro de Dios con Israel, lo cual pienso es un gran error. Aun cuando el gran plan de Dios está siendo trabajado en su pueblo Israel, el mandato es para todos aquellos que han recibido su luz. ¿Cuál es esa luz y a quién ha venido?

Jesucristo es la luz del mundo. Él ilumina a cada persona que llega a este mundo. “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres… La luz verdadera que alumbra a todo hombre venía a este mundo” (Juan 1:4, 9).

Cuando Isaías hizo el llamado a levantarse y resplandecer, fue un mandato reservado para aquellos que recibieron la luz que Jesús trajo al mundo. Él es esa luz. Y a aquellos que recibieron su luz para salvación se les exige que se levanten. Es un mandato. Muchos están esperando que les suceda algo más. Pero, Él dice: “¡Levántate, ahora! ¡Y mientras te levantas, brilla!”. Esta declaración asombrosa comenzó a desarrollarse en el tiempo de Cristo, porque la segunda parte de la declaración se cumplió: Él, la luz, ha venido. Pero, antes de que partiera, les dijo a sus discípulos que ellos eran la luz del mundo. Esa declaración es considerada a menudo un lenguaje figurativo, lo cual es desastroso cuando Dios está hablando literalmente. La iglesia es la luz del mundo.

 

Cuando la luz de Dios le toca, usted llega a ser luz. Cualquiera sea la manera en que Dios toque nuestras vidas, llegamos a ser una manifestación de esa misma realidad. Es uno de los grandes misterios del evangelio, testificar de su habilidad para transformar completamente la naturaleza de todo lo que toca. Este asunto de venir a ser luz no es una ilustración aislada, lo cual veremos. Es el poder del evangelio que transforma por completo la naturaleza de todo aquello que toca. Jesús es nuestra justicia. Pero, cuando somos tocados por su justicia, no solamente venimos a ser justos, sino que también venimos a ser la justicia de Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. 2 Corintios 5:21.

Considere este efecto extremo del evangelio. Nosotros no sólo llevamos esta gracia de Dios. Venimos a ser una manifestación de esa gracia. Cuando pensamos solo en lenguaje figurativo y simbólico, socavamos el poder de la intención de Dios. Con promesas tan extraordinarias, nosotros no podemos ser un pueblo restringido por los límites establecidos por una generación anterior. Al contrario, debemos edificar sobre la experiencia de ellos e ir a donde ellos no tuvieron.

 

Dios lleva esto a otro extremo en el tema del perdón. Cuando usted es perdonado, llega a ser perdonador. Jesús presionó mucho más allá de mi zona de comodidad cuando dijo: “A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, y a quienes se los retengáis, les serán retenidos” (Juan 20:23). En realidad, somos agentes del perdón de Dios. Lo mínimo que Él está diciendo es que cuando nosotros perdonamos a las personas, se mueve sobre ellas con su perdón. De nuevo, nuestra naturaleza ha sido cambiada por la forma en que Dios nos ha tocado.

 

El TOQUE CONTAMINADOR y EL TOQUE QUE LIMPIA

 

Bajo el Antiguo Testamento, si usted tocaba a un leproso, era inmundo. El primer mensaje de este pacto era revelar el poder del pecado. Pero, la ley de Dios no era la respuesta al problema del pecado. Era incapaz de ser la solución. Era el tutor que intentaba dirigir al pueblo a Cristo. Cuando el pueblo descubrió que no podían llegar a ser justos por sí mismos, la ley creo tal tensión en las vidas de la gente que preparó exitosamente a Israel para el Salvador. Y así, tocar al leproso le hacía a usted inmundo. En el Nuevo Testamento, sin embargo, tocamos al leproso y este es limpio. Eso es porque el mensaje principal de este pacto es el poder del amor de Dios para hacernos completos. Cuando demostramos amor auténtico. Él lo respalda con poder del reino. Aquel que es limpio por la sangre de Jesús ahora es capaz de limpiar; esto yacía en la comisión que Jesús dio a sus discípulos: “Limpiad leprosos” (Mateo 10:8).

 

Por cientos de millones, la gente reconoce el poder del pecado. Las personas viven conscientes de que no pueden cambiar su naturaleza y así pasan su vida cambiando el color del cabello, rebajando de peso y aprendiendo nuevas técnicas para, de alguna forma, saciar el deseo interno de una transformación personal. Algunos se rebelan contra ese deseo y se rinden a lo inevitable entregándose a una naturaleza pecaminosa que no pueden controlar. Los resultados están diariamente en los encabezamientos de los periódicos.

 

Pero, ¡el poder del pecado es noticia vieja! La noticia que se necesita hoy es que el poder del auténtico amor de Dios transforma todo lo que toca. Aquellos cambiados por su amor son amantes verdaderos, y los que no aman a otros no tienen evidencia de haber experimentado jamás el amor de Dios. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 1 Juan 4:20  Al estar frente a Él, nuestra naturaleza es cambiada por la de Aquel que nos tocó y liberamos el poder de su amor entre aquellos que nos rodean.

 

 

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